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Tabac

Posted in Carlos Barral, El món coetani, Josep Pla with tags , , , , on Mai 14, 2009 by joantdo

Feia temps que volia compartir amb vostès una observació de Carlos Barral, publicada el juny de 1981. Comença explicant una anècdota: en un aeroport, un passatger descobreix que li han venut un bitllet per al sector de no fumadors. Es queixa, intenta que el canviïn de lloc i finalment, a base de ser directament impertinent, ho aconsegueix. Barral aleshores explica en quin estat es troba la prohibició del tabac als Estats Units:

Esa cruzada antitabáquica, por otra parte, ha engendrado una especie de paranoicos sumamente abundante que emplean buena parte de sus disponibilidades de conversación en el apostolado de la higiene y en convencer a todo hijo de vecino de que dejar de fumar es una suerte de resurrección espiritual y física que renueva para siempre la imagen del mundo y de nuestro papel en él. No se trata solamente de que el haber dejado de fumar mejora la salud y prolonga la vida, sino de que la vida es mejor y el mundo más hermosos cuando la viven y lo ven los que no fuman. Unos pelmas intolerables. (…)

Desaconsejar el tabaco es cosa distinta que reprimirlo y convertirlo en materia de execración social. Probablemente no existen en el mundo fumadores habituales que no sean conscientes de que el tabaco es agente patógeno y de que su adicción les hace daño, algun daño. Está bien que las instituciones sociales difundan noticias detalladas sobre la peligrosidad del tabaco, pensando en que, aunque todos los fumadores saben que el tabaco es malo, algunos no se dan bastante cuenta del grave riesgo sanitario que fumar implica. Pero no está bien que esas instituciones pasen por alto la dignidad de la costumbre de fumar y sus incidencias en la cultura social. Fumar, por lo menos desde mediados del siglo XVIII, es parte importante de la cultura gestual de las sociedades occidentales. El acto de fumar tiene para muchos estrecha relación con los mecanismos de estímulo de la atención, de los arranques de la reflexión o de la imaginación, y forma parte del código de gestos con valor semántico en la relación entre las personas. Todos sabemos que el que ha dejado de fumar sufre frecuentemente una especie de castración en sus hábitos expresivos que se hace notoria y desagradable a sus interlocutores. La pipa forma parte del disfraz de simpatía y de las armas de seducción de muchos personajes, y el cigarrillo otorga a las manos frecuentemente una excusa para demostrar su vivacidad en situaciones en que la inmovilidad es agresiva o proclama la indefensión. Fumar es insalubre, pero no absolutamente malo, y estaría bien que alguien se lo recordase de cuando en cuando a los que programan campañas de regeneración higiénica de las sociedades. Sus campañas convencen a muchos e impiden que muchos más contraigan un vicio seriamente perjudicial, pero engendran, como se ve, locos apostólicos e irritantes, irrespetuosos para con una vieja y noble forma de cultura social.

Hi podem estar més o menys d’acord; de tota manera, allò interessant és la manera com Barral, oposa al pragmatisme sanitari una mena d’estètica (gestual, cortesa) de les relacions. Jordi Jové, en el magnífic pròleg del llibre, recorda una frase de Ferraté: “estudio de ademanes”. El primer té de la seua banda l’objectivitat (fins que no es demostri el contrari), i Barral ho concedeix; però defensa, per la seua banda, la relació del tabac amb la reflexió, la imaginació i l’expressió. Una mica com quan Pla, a la televisió, parlava de la necessitat del cigar per trobar l’adjectiu.

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